lunes, 10 de noviembre de 2014

Desde el amor...


Los seres humanos tenemos dos opciones para enfocar ciertas situaciones: desde el amor o desde el ego. Lamentablemente, casi siempre dejamos que sea el ego el que domine. En una discusión siempre creemos tener la razón (sino la discusión no se formaría). Nos aferramos a nuestra posición sin pensar en las consecuencias, y así se rompen relaciones de parejas, familiares, de amistad. En el momento de la rabia, esto no nos importa mucho. Tenemos la razón y punto. Y no digo que no la tenemos, la reflexión es  ¿estamos  verdaderamente dispuestos a  alejarnos  de la persona con la que estamos discutiendo? Es ahí cuando debemos pensar un poco y ver si el ego nos está obligando a dar un paso del que pronto estaremos arrepentidos.
Y este “pronto” puede que sea ya demasiado tarde. Porque  nuestro “contrincante” también tiene su medida de ego, y puede no estar dispuesto ya a pactar.
¿Estoy sugiriendo ofrecer la otra mejilla y dar la razón al otro  porque sí? ¡En absoluto!
En primer lugar, hay seres con los que no vale la pena discutir, porque no son tan importantes en nuestras vidas como para gastar energías  en ello. Actuando desde el amor, los bendecimos y seguimos adelante sin engancharnos.
Pero si esta persona hace parte de nuestro círculo íntimo, sugiero que en el momento de la rabia, nos centremos en el ser  con el que estamos discutiendo: nuestro compañero, o hijo, o hermano, o amigo…. Es alguien a quién amamos, y a quién el ego nos está empujando a herir profundamente con nuestras palabras. Es el momento de respirar profundamente y razonar.
Es el momento de preguntarnos ¿quiero actuar desde el ego o desde el amor? Y dar el ejemplo diciendo que no estamos en la mejor disposición de ánimo para aclarar la situación.
Más tarde podremos  hacerlo,  pero  ambos desde la calma,  la paz.