martes, 24 de septiembre de 2013

QUIERETE MUCHO


Días atrás, al despedir una paciente nueva, le dije una frase que repito muy seguido: Hasta la próxima, y mientras tanto quiérete mucho.

Ella me miró sorprendida. “Esta  frase deberíamos decírsela a los que están a mi alrededor, porque  son ellos lo que deben  quererme, no yo misma”

En ella había detectado serios problemas de autoestima, y esta respuesta suya  fue el punto de partida de estas reflexiones, puesto que me doy cuenta de que muchas personas aún tiene una idea distorsionada sobre  la forma en que deben asumir su existencia.  Son los que creen que su felicidad depende de los demás, o de las circunstancias que rodean su existencia. Creen que hallarán la tranquilidad existencial  cuando  consigan  una  pareja, o un mejor trabajo o cuando se ganen la lotería. Estos son los seres que viven de expectativas, que dependen de otros   o de un acontecimiento  para estar contentas, y llegado el momento, no dudan en entregar su poder personal, esperando que  “la quieran  y la hagan feliz”.  ¿Se imaginan la responsabilidad que estamos echándole sobre los hombros  a esta persona, quién, confiadamente, quiere comenzar una relación? ¿Y se imaginan si esta otra persona  tiene los mismos deseos y expectativas? ¿Quién va a hacer feliz a quién, si ambos esperan que el otro realice el trabajo?

¡Que error tan grande! Nunca podremos ser felices al lado de una pareja si no nos hemos realizado como seres, pues antes de llegar a ser pareja somos individuos, y un individuo no puede pasar a un grado superior si no ha aprobado todas las materias. Y esto no significa haber vivido aventuras,  haber viajado y conocido un montón de gente o bailado hasta el amanecer. Significa conocernos interiormente,  reconocer nuestro valor, nuestros dones y defectos, trabajar para mejorar las cosas negativas y  felicitarnos  por las positivas.  Realizarnos significa también buscar el trabajo más afín a nuestros deseos, disfrutar de las cosas que nos gustan  y  tener consciencia de nosotros mismos   y nuestras necesidades. Y, por supuesto, aprender a satisfacerlas personalmente. En fin, tomar la responsabilidad de vivir,  sin pretender que otro tiene   el deber  de ayudarnos a salir adelante, de hacernos felices y asumir   la culpa si esto no sucede.

Bajo este contexto,  una pareja viene a ser el complemento de nuestra realización, no el factor que la proporciona.  Por tanto, una persona que comienza una relación, debe esperar que algo nuevo se añadirá a lo que ya  tiene, para aumentar esta sensación de satisfacción y plenitud. Aumentarla, no proporcionarla.