viernes, 19 de julio de 2013

ORIGENES DE LAS RAZAS TERRESTRES

ORIGENES DE LAS RAZAS TERRESTRES Muchas de las características y evolución de seres de otros planetas, las conocemos por medio de los mensajes recibidos por canalización. Uno de los temas más interesantes que los Maestros Superiores me han hecho llegar por este medio, es la trayectoria y evolución de las dos razas terrestres predominantes, procedentes de lejanos planetas. Al referirse a los diferentes tonos de piel, ellos utilizaron con naturalidad los términos “blanco” o “negro”, puesto que éstos son los colores distintivos, sin que ello tenga las connotaciones racistas que les aplicamos los humanos. Así lo haré yo elaborando este escrito, con la misma naturalidad, puesto que, bajo las enseñanzas superiores, se reforzó en mí la conciencia, por demás natural, de que todos somos hermanos, independientemente de nuestro credo o color. La odisea de la raza humana comenzó en una pequeña y remota galaxia, Lushak Haberta, situada a un nivel paralelo a la zona conocida como Zeta Reticulis. El anaranjado sol central castigaba sin piedad tres de los cuatro planetas que orbitaban a su alrededor. Manilad era uno de estos mundos, el más cercano al sol. Sus habitantes eran seres de piel muy oscura, miembros alargados, nariz chata y muy ancha, que llegaba debajo de los pómulos. Orejas casi inexistentes. Era una raza guerrera y levantisca, y bastante evolucionada en el plano tecnológico. Su pasión por las luchas sin embargo, crecía junto a sus conocimientos. Un buen día sus científicos confirmaron que, en los últimos años, el calor del sol había aumentado sistemáticamente, y después de estudios profundos, llegaron a la conclusión que el astro seguiría calentando más y más, hasta agotar su potencialidad, para luego apagarse, dentro de pocos siglos. Ambas posibilidades eran terroríficas, pero seguramente ellos no llegarían a experimentar la segunda, puesto que para aquel entonces todos estarían muertos, quemados por las llamas. El único planeta relativamente seguro para evitar morir abrasados era Ordix, protegido por un cinturón de asteroides que filtraba los rayos, cuyos habitantes tenían, por este motivo, la piel blanca. El aspecto físico de ambas razas era parecido, puesto que tenían las mismas raíces, exceptuando que los rasgos de los blancos eran más finos, debido a las condiciones climáticas más favorables en que vivían. Si los negros no invadieron Ordix fue porque esto hubiese significado una solución a corto plazo, dado que, más adelante, al apagarse el sol no habría posibilidad de vida en toda la galaxia. Entonces, centraron todos sus esfuerzos en construir una flotilla de naves, y varias decenas de años después, setenta y siete de ellas se elevaban por el cielo, llevando a la raza negra a la búsqueda de un planeta en donde asentarse. Antes de salir de Lushak Haberta, se detuvieron en Ordix, para cargar cuantos repuestos y otras cosas creían necesitar para su viaje, y que ellos no pudieron producir debido a las prisas. Por más que los nativos protestaran, los negros se aprovisionaron a voluntad. A cambio, les dejaron directrices sobre cómo perfeccionar las naves que les permitirían alejarse de ahí, y prometieron que cuando encontraban el planeta adecuado para subsistir, los avisarían. Y así fue. Llegaron a una galaxia a la que, sucesivamente, denominaron Vía Láctea. El planeta que se ajustaba a sus exigencias calóricas era el segundo a partir del centro, pero la envoltura de gases venenosos que lo rodeaba hacía imposible la supervivencia en él. El que le seguía en la órbita, el que llamarían Tierra, era un mundo frío con respeto al anterior, pero serviría, considerando que en la parte central del mismo la temperatura era más caliente. Fieles a su palabra, una de las naves fue programada para regresar atrás, llevándole a los blancos las coordinadas de su nuevo hogar. Recomenzar desde cero en un mundo deshabitado no era fácil. No había empresas que requerían su control, ni fábricas cuyas máquinas exigían una vigilancia constante. La disciplina fue declinando, sus conocimientos tecnológicos fueron quedando en el olvido, y su natural guerrero tomó el control. Cuando llegaron los blancos, los sometieron y esclavizaron. Y así, mientras éstos últimos languidecían y morían bajo sus látigos, las tribus negras se dedicaban a cazar, y luchar entre ellas, buscando esparcimiento en cantos y bailes. Con el paso del tiempo, las naves se oxidaron y se transformaron en chatarras, el polvo las cubrió, hundiéndolas en la tierra. Mientras los blancos encubaban su resentimiento, aferrados a sus recuerdos de la anterior libertad, los oscuros se amoldaron a una rutina que degeneraba cada día, alejándolos de sus recuerdos del pasado. Debido a la atmosfera del su nuevo planeta de residencia, algunos de los ocasionales nacimientos frutos del cruce de razas, degeneraron en tonos rojizos y amarillentos, dando origen a las que, con el tiempo, serían unas etnias independientes, formadas a partir de hombres y mujeres que se fueron agrupando según sus particulares características físicas. Con el tiempo, uno que otro blanco logró escapar de aquel infierno, y pronto llegaron noticias de que hacia el norte y sur del planeta el clima era fresco y se ajustaba más a sus necesidades. Entonces comenzó la fuga. Los fugitivos eran perseguidos y diezmados, pero a la larga el frío que encontraban al alejarse de su territorio desalentó a los perseguidores. Así los blancos lograron sacudirse el yugo, y lentamente recomenzaron una nueva existencia en los polos del planeta, bien alejados de sus opresores, a los que con el tiempo dejaron de temer. Aquellas figuras oscuras y sombrías se volvieron un mito. El hecho de que llegaron del mismo sitio, hermanados por la misma necesidad, quedó olvidado, sus mismos orígenes se fueron diluyendo en el recuerdo Los blancos se expandieron con rapidez, y recomenzaron su lento camino evolutivo. Pasaron los siglos, y un buen día, decidieron que los negros no tenían alma, y podían ser comprados y vendidos como mercadería… Y así se cerró el círculo... Actualmente, ambas razas estamos recorriendo el largo camino hacia la tolerancia. Si bien algunos recuerdos no son claros, la experiencia pasada está grabada en lo más profundo de nuestras almas, desde donde nos alerta sobre lo aberrante que es esclavizar a otro. Cabe esperar que, como seres espirituales que somos, hayamos aprendido la lección, y sepamos convivir en paz y armonía como nos corresponde siendo todos hijos de un mismo Dios, sea cuál sea el color de nuestra piel.

1 comentario:

nevelyn otazo dijo...

buenas tardes me gustaria contactarla perosnalmente, mi correo es nevelynotazo@hotmail.com