lunes, 26 de marzo de 2012

RESPIRACIÓN

Una de las estrategias más sencillas para manejar las situaciones estresantes es controlar adecuadamente la respiración. Por instinto sabemos que así es, pues en situaciones críticas nos encontramos respirando profundamente sin proponérnoslos. Es que de esta forma tratamos de controlar los aumentos de las actividad fisiológicas provocados por la tensión. En el acto de inspirar e respirar, deberíamos expandir completamente nuestros pulmones para renovar el aire allí aprisionado, pero hábitos y posturas incorrectas alteran la capacidad de hacerlo, hasta deformar esta función. Llevados por el ritmo de la vida actual, mantenemos los músculos tensos, respirando breve e incorrectamente. La costumbre de “meter la barriga”, es otro ejemplo que nos lleva a respirar en forma equivocada, activando solamente la parte superior de los pulmones. Una de las técnicas correctas de respirar es la diafragmática. El diafragma es un músculo situado en la base de la caja torácica, que al expandirse y contraerse, genera un efecto de vacío, empleando la fuerza abdominal para llevar aire a los pulmones. Sabemos si estamos respirando correctamente (activando el diafragma) observando nuestro abdomen: al inspirar éste si hincha, al espirar el estomago desciende. Si intentamos respirar profundamente, la mayoría de nosotros no lo logramos. Nuestros pulmones no están acostumbrados a expandirse constantemente, su capacidad está algo atrofiada. Al respirar correctamente, no solo consumiremos menos energías, sino que lograremos otras ventajas, pues: La respiración abdominal es un antídoto muy bueno contra la fatiga, la depresión o los estados de stress y tensiones, o el trabajo de oficina muy intensivo. Mejora la digestión y el funcionamiento de órganos internos, facilita la circulación venosa y la mejor captación de oxigeno por la sangre. No olvidamos que, durante siglos, los yoguis han afirmado que respirar correctamente es sinónimo de una vida larga y sana.