sábado, 29 de octubre de 2016

Cerrando círculos




Llega un momento en nuestra vida en donde debemos cerrar ciclos, salir del círculo donde permanecemos estancados y no podemos avanzar. Puede ser una relación ya acabada, un trabajo que no nos permite evolucionar, la permanencia en un sitio de nos oprime, el compartir con personas toxicas de las que no tenemos el coraje de alejarnos.
¿Qué nos mantiene atados a situaciones obsoletas? Principalmente el miedo al cambio, el no saber que no puede deparar el futuro, y entonces pensamos “mejor lo malo conocido que el bueno por conocer”, un dicho tan perverso al que nos aferramos para justificar nuestra cobardía. La verdad es que si algo nos tiene amargados y oprimidos ¿qué puede ser peor que esto? La rutina es otra cosa que frena el cambio. La  repetición casi automática de las acciones cotidianas adormece, acuna, y cuando abrimos los ojos, tal vez sea demasiado tarde para realizar cambios. Y otra poderosa razón, hay que admitirlo, es la comodidad. Si se analiza a fondo la situación que causa amargura, se encuentra algún tipo de recompensa (por lo general, está relacionada con la parte económica). Una recompensa maligna y retorcida, pero ahí está, y esta zona de confort  impide ponerle fin a la situación.  
Hay algo indudable: con el paso del tiempo, cuando la hora de vivir ciertas cosas pasa, llega el arrepentimiento.  Porque nos damos cuenta de que por un miedo sin fundamento, por inercia rutinaria y por comodidad, hemos pagado un precio demasiado alto, dejamos pasar buenas oportunidades que ya no volverán. Por esto debemos aprender a  tiempo  a voltear la página, dejar atrás relaciones destructivas y seguir adelante, aunque los primeros tiempos puedan ser duros. Dejar ir, desprenderse, soltar este capítulo de nuestra vida que ya hace parte del pasado, ¡esto es evolucionar! Cerrar  puertas hacia el pasado y enfocarnos en el presente, un presente que puede ofrecernos un millón de cosas buenas, si solo estamos dispuestos a arriesgarnos.