miércoles, 19 de marzo de 2014

En mi novela “El hombre que vino de Cartex”,  relato sobre una nave extraterrestre que, por un desperfecto, cae en la Tierra. Los representantes de un país terrestres se adueñan sigilosamente de la misma y tratan de sacarle  provecho para adelantar tecnológicamente a los demás países.
¿Pura ficción? No. Estoy segura que algo parecido ha  sucedido, y más de una vez.
Millones de personas en el mundo hablan de avistamientos de naves; otros llegan más lejos y afirman  que han viajado en ellas, ya sea invitados o abducidos. Los detractores los tachan diplomática o abiertamente de  visionarios, mentirosos o  locos. ¿De verdad creen posible que se trata  de histeria colectiva, que tantos testigos mienten, o son víctimas de ilusiones? Realmente, no atino a comprender a qué se debe este afán de negación, si ya se sabe que hay miles de galaxias y la posibilidad de que existen otras civilizaciones es más que posible.
Volviendo al tema de las naves precipitadas, tenemos hechos y testigos que ni los gobiernos más autoritarios han logrado callar.
El de  Roswell, en 1947,   es el más popular y cuestionado. El impacto  de la nave extraterrestre  en tierra, fue divulgado antes de que los altos mandos pudieran intervenir.  Es el coronel William Blanchard  quien honestamente  participa a la prensa el hallazgo de un platillo volante, que se había estrellado en una granje de Nuevo Mexico. Estas  declaraciones inmediatas pocas horas después, cuando ya la noticia ha trascendido internacionalmente,  son  desmentidas  oficial y categóricamente. El general Ramey, jefe y portavoz de la misión de rescate, afirmó que se trataba de los restos de  un globo meteorológico. Más adelante,  otros militares declararon que eran  los  detritos  de un vuelo del proyecto Mogul, un sistema de detección acústica de baja frecuencia, con los  que trataban  de captar explosiones nucleares soviéticas. Éste fue el inicio de una de las más grandes campañas de desinformación y encubrimiento que ha durado hasta la fecha . Pero los ufólogos nunca creyeron esta versión de los hechos. Poco a poco la mentira se ha ido cayendo para surgir lo que en realidad  sucedió.   Las investigaciones no se han detenido a través de los años, y desde aquella fecha,  recién después del accidente,  hasta ahora,  continuamente aparecen  nuevos testigos. Según  estos testimonios, el rancho Brazel estaba el día 2 de julio  lleno de  curiosos que aseguraron posteriormente que la nave recuperada llevaba tripulantes.  Cotejando las declaraciones,  los investigadores aseguran  que los extraterrestres estaban vivos antes y durante la autopsia…  Todos los participantes   de la misma y en la recolección de los restos fueron intimidados y amenazados por las autoridades. Una verdadera conspiración de silencio se levantó alrededor del hecho, a pesar de la cual, cada día se filtraban las declaraciones de los testigos.
Décadas más tarde, en  1978,  el oficial de inteligencia Jesse Marcel, subordinado de Blanchard  y también testigo presencial, revela la verdad de los hechos, confirmando la versión de su superior, y añadiendo más detalles. Por ejemplo, la presencia  de los tripulantes alienígenos  y la sucesiva autopsia realizada. 
En 1991, el general Del Bose, el jefe de estado-mayor del general Ramey en 1947, confirmó que este último sustituyó los restos hallados en el accidente de Roswell por los de un globo de meteorología, que fue el que mostró a los periodistas.
Cabe preguntarse ¿a qué se debe esta necesidad de silencio?
Hoy en día, negar ciertos hechos es un absurdo, pues más y más personas alrededor  del mundo creen en la presencia de otros habitantes del universo, una creencia, por demás, cierta  e incuestionable.

Sin embargo, el engreimiento de algunos  seres humanos  que ocupan puestos de poder,  va más allá de la razón y la evidencia. Y mientras no tomemos conciencia de ello, no estaremos preparados para que nuestros Hermanos Superiores se presenten abiertamente.