Una de las estrategias más sencillas para manejar las situaciones estresantes es controlar adecuadamente la respiración. Por instinto sabemos que así es, pues en situaciones críticas nos encontramos respirando profundamente sin proponérnoslos. Es que de esta forma tratamos de controlar los aumentos de las actividad fisiológicas provocados por la tensión.
En el acto de inspirar e respirar, deberíamos expandir completamente nuestros pulmones para renovar el aire allí aprisionado, pero hábitos y posturas incorrectas alteran la capacidad de hacerlo, hasta deformar esta función. Llevados por el ritmo de la vida actual, mantenemos los músculos tensos, respirando breve e incorrectamente. La costumbre de “meter la barriga”, es otro ejemplo que nos lleva a respirar en forma equivocada, activando solamente la parte superior de los pulmones.
Una de las técnicas correctas de respirar es la diafragmática.
El diafragma es un músculo situado en la base de la caja torácica, que al expandirse y contraerse, genera un efecto de vacío, empleando la fuerza abdominal para llevar aire a los pulmones.
Sabemos si estamos respirando correctamente (activando el diafragma) observando nuestro abdomen: al inspirar éste si hincha, al espirar el estomago desciende.
Si intentamos respirar profundamente, la mayoría de nosotros no lo logramos. Nuestros pulmones no están acostumbrados a expandirse constantemente, su capacidad está algo atrofiada.
Al respirar correctamente, no solo consumiremos menos energías, sino que lograremos otras ventajas, pues:
La respiración abdominal es un antídoto muy bueno contra la fatiga, la depresión o los estados de stress y tensiones, o el trabajo de oficina muy intensivo. Mejora la digestión y el funcionamiento de órganos internos, facilita la circulación venosa y la mejor captación de oxigeno por la sangre.
No olvidamos que, durante siglos, los yoguis han afirmado que respirar correctamente es sinónimo de una vida larga y sana.
lunes, 26 de marzo de 2012
RESPIRACIÓN
Una de las estrategias más sencillas para manejar las situaciones estresantes es controlar adecuadamente la respiración. Por instinto sabemos que así es, pues en situaciones críticas nos encontramos respirando profundamente sin proponérnoslos. Es que de esta forma tratamos de controlar los aumentos de las actividad fisiológicas provocados por la tensión.
En el acto de inspirar e respirar, deberíamos expandir completamente nuestros pulmones para renovar el aire allí aprisionado, pero hábitos y posturas incorrectas alteran la capacidad de hacerlo, hasta deformar esta función. Llevados por el ritmo de la vida actual, mantenemos los músculos tensos, respirando breve e incorrectamente. La costumbre de “meter la barriga”, es otro ejemplo que nos lleva a respirar en forma equivocada, activando solamente la parte superior de los pulmones.
Una de las técnicas correctas de respirar es la diafragmática.
El diafragma es un músculo situado en la base de la caja torácica, que al expandirse y contraerse, genera un efecto de vacío, empleando la fuerza abdominal para llevar aire a los pulmones.
Sabemos si estamos respirando correctamente (activando el diafragma) observando nuestro abdomen: al inspirar éste si hincha, al espirar el estomago desciende.
Si intentamos respirar profundamente, la mayoría de nosotros no lo logramos. Nuestros pulmones no están acostumbrados a expandirse constantemente, su capacidad está algo atrofiada.
Al respirar correctamente, no solo consumiremos menos energías, sino que lograremos otras ventajas, pues:
La respiración abdominal es un antídoto muy bueno contra la fatiga, la depresión o los estados de stress y tensiones, o el trabajo de oficina muy intensivo. Mejora la digestión y el funcionamiento de órganos internos, facilita la circulación venosa y la mejor captación de oxigeno por la sangre.
No olvidamos que, durante siglos, los yoguis han afirmado que respirar correctamente es sinónimo de una vida larga y sana.
domingo, 5 de febrero de 2012
¿Soy o no soy masoquista?
A veces me asombra la facilidad con la cual, ciertos profesionales, diagnostican aplicando términos de libro de texto, los cuales, más que explicar cierto comportamiento asumido por el paciente, lo denigra sin ayudarlo. Hace poco, llegó a mí consultorio, una dama cincuentona, que comenzaba a padecer una alarmante depresión. Sostenía una relación enfermiza con el hombre con el que estaba casada desde hacía treinta años, aceptando un sistemático vapuleo psicológico, del cual ni conciencia tenía. Según ella, el esposo poseía “un carácter fuerte”, que siempre había admitido, puesto que así son ciertos hombres. A pesar de las conquistas de las mujeres, vivimos en una cultura donde, exceptuados muy pocos ejemplos, los hombres son lo que mandan, y la pobre se había sometido toda la vida al esposo, aceptando estoicamente su mal carácter y su maltrato verbal. Aunque a muchos les puede parecer exagerado, les puedo asegurar que un gran porcentaje de mujeres ceden frente a tal situación, y viven relaciones desquiciadas donde predomina el hábito de la agresión, sin tener el coraje de ponerle punto final. Llorando, me dijo entre otras cosas que el psiquiatra donde la había llevado la hija, le diagnosticó una “conducta masoquista”. La pobre mujer, que asociaba tal conducta con mujeres vestidas de cuero y látigo en mano, se preguntaba asustada si no tendría algún grave y vergonzoso trastorno del cual no tenia conciencia. (Según definición del diccionario, masoquistas son los buscadores del dolor, porque disfrutan con él)
Mantuve bajo control mi justificada indignación, y le expliqué que éstos eran términos que a veces se utilizaban a la ligera. Le hice entender que, culturalmente, las mujeres tendemos a callar y aceptar, y ella no era la excepción. Obviamente, era un error que debía corregir, pero esto no significaba que sufría alguna perturbación psíquica.
La práctica de tachar como masoquistas a las mujeres que participan en relaciones enfermizas ha sido durante mucho tiempo una salida oportuna para la psicología y la cultura. Se trata de un intento muy cómodo, de explicar por qué muchas mujeres caen en un comportamiento de abnegación y sumisión en sus relaciones con los hombres. Al ser educadas, las mujeres aprendemos desde muy temprano ese comportamiento, y por él se nos elogia y recompensa. Pero ¿cómo justificar esta paradoja? Pues el comportamiento que hace de una mujer un ser vulnerable a los malos tratos es el mismo que le han enseñado desde que tiene uso de razón, como femenino y elogiable. El concepto de masoquismo es muy peligroso porque confirma que «eso es lo que realmente quieren ellas», y así se justifica la agresión. La costumbre de asustar a un ´paciente por medio de términos altisonantes, utilizados para expresar sabiduría, debe ser cambiada por explicaciones sencillas y coherentes. En este caso, con analizar un poco la educación conservadora de la señora, resultó muy sencillo comprender por qué soportaba el trato demoledor del marido. No resultó tan sencillo restaurar su autoestima y hacerle comprender que ella y solo ella podía cambiar la situación, pero se logró. Reforzada por la terapia, un buen día se giró hacia el marido y cortó en seco el monólogo de insultos con un cortante ¡basta! Luego, manteniendo bajo control la ira, le soltó todo lo que había acumulado durante treinta años. El hombre quedó tan sorprendido, que al momento no pudo ni reaccionar. Lo hizo luego, obviamente, pero el primer paso estaba dado, y ella le mantuvo cabeza valientemente, y con el tiempo, hasta llegó a sugerir una separación. Inteligentemente, él comprendió que algo muy grave amenazaba la comodidad de su inminente viejez, y comenzó a cambiar actitud. Han pasado dos años desde que conocí a esta dama, y hoy día ella y el esposo gozan de una relación bastante equilibrada, ya que él comprendió que no podría seguir maltratándola sin perderla.
viernes, 24 de junio de 2011
Amor romántico
Sucedió. Lo conociste y Cupido lanzó una flecha tan penetrante que nada ni nadie hubiesen podido arrancarla de tu corazón, y a él le pasó lo mismo. Las sensaciones llegan a niveles de fiebre; alcanzan una intensidad abrumadora. La relación parece una droga euforizante; es lo que muchas personas llaman estar «en el séptimo cielo». Nuestro cuerpo comienza a producir sustancias que ayudan a aumentar la sensación de flotar en un mar de nubes rosadas y algodonosas.La fantasía común de estos momentos especiales, es que este estado de gracia durará toda la vida. No es para menos: siempre hemos escuchado que el amor romántico tiene un mágico poder que nos hará eternamente felices.
Tener relaciones sexuales estando en esta dimensión única, es lo más celestial que puede suceder, e irse a vivir juntos al mes de haberse conocido, lo más normal del mundo.
Ambos sienten que se ganaron el premio gordo.
En estos momentos, es muy difícil comprender que cuando un romance avanza a velocidad tan vertiginosa, hay peligro de caer directamente en un barranco.
Es que estas dos personas, no han pasado por el proceso normal de ir descubriéndose mutuamente, porque no ha habido el tiempo suficiente.
Se necesita ir más despacio para que lleguen a un nivel de confianza y sinceridad, base indispensable de una relación sólida. Por más fascinantes que puedan ser, los romances arrolladores tienden a ofuscar a quién los vive.
Para poder ver realmente quién es nuestro nuevo compañero, la relación tiene que avanzar con más lentitud, a un ritmo donde funcione también la cabeza, el razonamiento lógico y la intuición, y no sólo el corazón y los sentidos.
Hace falta cierto tiempo para ver a las otras personas de una manera realista, sin anteojeras rosadas, para poder reconocer y aceptar tanto sus virtudes como sus defectos. Las corrientes emocionales presentes en un amorío apresurado, son de una rapidez y una fuerza tales que ofuscan las percepciones de los enamorados, los cuales se apresuran a rechazar cualquier sombra que empañe la imagen «ideal» del objeto de su amor.
Es lo que pasa cuando están imperando los sentidos: lo que cuenta es cómo hace sentir la otra persona, los sentimientos que desencadena, por lo tanto, la conclusión es que si nos hace “sentir” maravillosamente bien, él o ella por fuerza “debe” ser especial. Por esto nos creemos todo lo que cuenta, asumimos que fue una víctima y nos lanzamos al rescate sin pensarlo; tratamos de satisfacer de inmediato sus deseos y nos desvivimos para verlo feliz.
¿Quién es capaz de ver defectos bajo éste estado de ánimo?
Pero, a veces, la magia que se creó en el primer encuentro, poco tiene que ver con lo que realmente son las dos personas Hay docenas de cosas que pueden exaltar súbitamente los sentidos: la gracia elegante como ella se mueve, la desenvoltura de él al ordenar una comida en el restaurant. La forma de mirar cautivadora, el carisma que exuda, su tono pausado… Con los sentidos enervados, poco importa el resto. Pero es que el resto es lo más importante, pues nada de lo anterior nos habla de sus defectos o sus virtudes. De cómo maneja la rabia, de su honestidad, o de si será capaz de comprender, solamente mirando a los ojos de alguien. La voz de los sentidos no nos dice si será fiel, si es verdad lo que cuenta de la pareja anterior, si es cumplidor y sincero o si podemos confiar…
Tampoco quiero decir que cualquier idilio que marche a un ritmo acelerado está destinado al fracaso. Es obvio que una relación que se inicia con un caudal enorme de emoción y entusiasmo puede resultar maravillosa. Pero es bueno recordar siempre que somos humanos, y por ello sujetos a mostrar la mejor parte de nosotros mismos para ser aceptados. Si además estamos tratando de conquistar a una pareja, bueno, hay quién cree que en esta etapa todo es válido… Así que, si al conocer a alguien sentimos un arrollador sentimiento romántico que nos lleva a querer entregarnos alma y cuerpo, es mejor estar muy alerta, porque nos podemos llevar grandes y desagradables sorpresas.
miércoles, 16 de marzo de 2011
La muerte: un renacer
Amigos lectores, quiero compartir con ustedes este hermoso extracto de un libro de la Dra. Elisabeth Kubler Ross “La muerte, un amanecer”. Para quién no la conocen, la Dra. Kubler Ross goza de una gran reputación en el campo de la tanatología, al punto de que sus libros se han convertido en obras de imprescindible consulta para médicos y enfermeras.Admirada y respetada, no hay seguramente en el mundo una personalidad científica a quien se le hayan otorgado tantos títulos de doctor honoris causa.
Kübler-Ross permaneció cientos de horas junto al lecho de enfermos moribundos, cuyos comportamientos, anotados minuciosamente, describe en los varios libros que publicó.
“Quisiera explicarte muy someramente lo que cada ser humano va a vivir en el momento de su muerte. Esta experiencia es general, independien¬te del hecho de que se sea aborigen de Australia, hindú, musulmán, creyente o ateo.
La experiencia de la muerte es casi idéntica a la del nacimiento. Es un nacimiento a otra existencia que puede ser probada de manera muy sencilla. Durante dos mil años se ha invitado a la gente a «creer» en las cosas del más allá. Para mí esto no es un asunto más de creencias sino un asunto del co¬nocimiento. Te diré con gusto cómo se obtiene ese conocimiento siempre que quieras saberlo. Pero el no querer saberlo no tiene ninguna importancia porque cuando hayas muerto lo sabrás de todas maneras,
En el momento de la muerte hay tres etapas. Con el lenguaje que utilizo en el caso de los niños moribundos de muy corta edad, digo que la muerte física del hombre es idéntica al abandono del capu¬llo de seda por la mariposa. El capullo puede compararse a un cuerpo hu¬mano, pero no es idéntico a tu ser real, sino que se trata solamente de la casa donde vives un tiempo. Morir significa, simplemente, mudarse a una casa más bella, ha¬blando simbólicamente, se sobreentiende. Desde el momento en que el capullo de seda se deteriora irreversiblemente, va a li¬berar a la mariposa, es decir, a tu alma.
En la segunda etapa estarás provisto de ener¬gía psíquica. Desde que tu alma abandona el cuerpo, advertirás enseguida que estás dotado de capacidad para ver todo lo que ocurre en el lu¬gar de la muerte, en la habitación del enfermo, en el lugar del accidente o allí donde has dejado tu cuerpo.
Estos acontecimientos no se perciben ya con la conciencia mortal, sino con una nueva percepción.
Mucha gente abandona su cuerpo en el trans-curso de una intervención quirúrgica y observa, efectivamente, dicha intervención. Todos los mé-dicos y enfermeras deben tener conciencia de este hecho. Eso quiere decir que en la proximidad de una persona inconsciente no se debe hablar más que de cosas que esta persona pueda escuchar, sea cual fuere su estado. Es triste lo que a veces se dice en presencia de enfermos inconscientes, cuando éstos pueden oírlo todo.
También es necesario que sepas que si te acercas al lecho de tu padre o madre moribun¬dos, aunque estén ya en coma profundo, ellos oyen todo lo que les dices, y en ningún caso es tarde para expresar «lo siento», «te amo», u alguna otra cosa que querrás decirles. Nunca es demasiado tarde para pronunciar estas palabras, aunque sea des¬pués de la muerte, ya que las personas fallecidas si¬guen oyendo. Incluso en ese mismo momento po¬déis arreglar «asuntos pendientes», aunque éstos se remonten a diez o veinte años atrás. Podrás libera¬rte de tu culpabilidad para poder volver a vi¬vir en libertad.
En esta segunda etapa, los ciegos pue¬den ver, los sordos o los mudos oyen y hablan otra vez. Una de mis enfermas que tenía esclerosis en placas, dificultades para hablar, y que sólo podía desplazarse utilizando una silla de ruedas, lo pri-mero que me dijo al volver de una experiencia en el umbral de la muerte fue: «Doctora Ross, ¡yo podía bailar de nuevo!»,
En un proyecto de investigación, participaron ciegos que no habían tenido ni siquiera percepción luminosa desde diez años an¬tes, por lo menos. Y estos ciegos, que tuvieron una experiencia cercana a la muerte y volvieron, pudieron de¬cirnos con detalle los colores y las joyas que lleva¬ban los que los rodeaban en aquel momento, así como el detalle del dibujo de sus jerséis o corbatas. Es obvio que ahí no podía tratarse de visiones.
En esta segunda etapa os dais cuenta también de que nadie puede morir solo, porque la gente que ha muerto antes que vosotros y a la que amasteis os espera siempre.
Lo que la Iglesia enseña a los niños pequeños so¬bre su ángel guardián está basado en estos hechos, ya que está probado que cada ser viene acompa¬ñado por seres espirituales desde su nacimiento hasta su muerte. Cada hombre tiene tales guías, lo creas o no, y el que seas judío, católico o no tengas religión no tiene ninguna importancia. Pues este amor es incondicional y es por eso que cada hombre recibe el regalo de un guía. Los niños pe¬queños los llaman «compañeros de juego». Así ocurrió con una anciana que al morir me dijo: «Ahí está de nuevo». Y sabiendo yo de lo que ella hablaba, le pedí que me partici¬para lo que acababa de vivir: «¿Sabe usted?, cuando yo era pequeña, él siempre estaba conmigo, pero lo había olvidado completamente». Al día siguiente moría contenta de saber que alguien que la había querido mucho la esperaba de nuevo.
En general, los que nos están esperando del otro lado, son los que más nos aman. Siempre los encontraremos en primer lu¬gar. En el caso de los niños pequeños, de dos o tres años por ejemplo, cuyos abuelos, padres y otros miembros de la familia aún están con vida, es su án¬gel de la guarda personal quien generalmente los acoge; o bien son recibidos por Jesús u otro perso¬naje religioso. Yo nunca he tenido la experiencia de que un niño protestante, en el momento de su muerte, haya visto a María, mientras que ella es percibida por numerosos niños católicos. Aquí no se trata de una discriminación, sino de que son es¬perados en el otro lado por aquellos que tuvieron para ellos la mayor importancia.
Después de realizar en esta segunda etapa la in-tegridad del cuerpo y después de haber reencon-trado a aquellos a los que más se ama, se toma con¬ciencia de que la muerte no es más que un pasaje hacia otra forma de vida. Se han abandonado las formas físicas terrenales porque ya no se las nece¬sita, y antes de dejar nuestro cuerpo para tomar la forma que se tendrá en la eternidad, se pasa por una fase de transición totalmente marcada por fac¬tores culturales terrestres. Puede tratarse de un pa¬saje de un túnel o de un pórtico o de la travesía de un puente.
Después de realizado este pasaje, una luz brilla al final. Y esa luz es más blanca, es de una claridad absoluta, y a medida que te aproximas a esta luz, te sentirás lleno del amor más grande, indescriptible e incondicional te puedas imaginar. No hay palabras para describirlo.
Cuando alguien tiene una experiencia del um-bral de la muerte, puede mirar esta luz sólo muy brevemente. Es necesario que vuelva rápidamente a la tierra, pero cuando uno muere —quiero decir, morir definitivamente— este contacto entre el ca¬pullo de seda y la mariposa, podría compararse al cordón umbilical («cordón de plata»)* que se rompe. Después ya no es posible volver al cuerpo terres¬tre, pero de cualquier manera, cuando se ha visto la luz, ya no se quiere volver. Frente a esta luz, te das cuenta por primera vez de lo que el hombre hu-biera podido ser. Vives la comprensión sin juicio, vives un amor incondicional, indescriptible. Y en esta presencia, que muchos llaman Cristo o Dios, Amor o Luz, se comprende que la vida aquí abajo no es más que una escuela para aprender ciertas cosas y pasar ciertos exá¬menes Si terminado el programa lo aprobamos, entonces podemos entrar.
Muchos preguntan: «¿Por qué niños tan bue¬nos deben morir?». La respuesta es sencillamente que esos niños han aprendido en poco tiempo lo que debían aprender. Y según las personas se tratará de cosas diferentes, pero hay algo que cada uno debe aprender antes de poder volver al lugar de donde vino, y es el amor incondicional. Eso es el más importante de los exámenes.
En esta Luz, en presencia de Dios, de Cristo, o cualquiera que sea el nombre con que se le deno¬mine, debes mirar toda tu vida terrestre, desde el primero al último día de la muerte.
Volviendo a ver como en una revisión la propia vida, ya estás en la tercera etapa. Ahora posees el conocimiento. Cono¬ces exactamente cada pensamiento que tuviste en cada momento de tu vida, conoces cada acto y cada palabra que pronuncias¬te.
Esta posibilidad de recordar no es más que una ínfima parte de tu saber total. Pues en el mo-mento en que contemplas una vez más toda tu vida, interpretarás todas las consecuencias que han resultado de cada uno de tus pensamientos, palabras y actos.
Dios es el amor incondicional. Después de esta «revisión» de tu vida, no será a Él a quien harás responsable de tu destino. Te darás cuenta de que tú mismo fuiste tú peor enemigo. Ahora sabes que cuando tu casa ardió, que cuando tu hijo murió, o cuando te quedaste sin trabajo o sin pareja, todos estos golpes representaron oportunidades para crecer en comprensión, en amor, en todo aquello que aún debemos aprender. Hemos sido creados para una vida sencilla, be¬lla, maravillosa…
Morir no debe significar nunca padecer el dolor. En la actualidad la medicina cuenta con medios adecuados para im¬pedir el sufrimiento de los enfermos moribundos. Si ellos no sufren, si están instalados cómoda¬mente, si son cuidados con cariño y si se tiene el coraje de llevarlos a sus casas, entonces nadie protestará frente a la muerte. Ningún moribundo os pedirá una inyección si lo cuidáis con amor y si le ayudáis a arreglar sus problemas pendientes,
Para terminar quisiera aseguraros que estar senta¬do junto a la cabecera de la cama de los moribundos es un regalo, y que el morir no es necesariamente un asunto triste y terrible. Por el contrario, se pue¬den vivir cosas maravillosas y encontrar muchí¬sima ternura. Si transmitís a vuestros hijos y a vuestros nietos, así como a los vecinos, lo que ha¬béis aprendido de los moribundos, este mundo será pronto un nuevo paraíso. Yo pienso que ya es hora de poner manos a la obra.
martes, 1 de febrero de 2011
DÉJÁ VU
Recordar cosas que aún no se han vivido es un fenómeno notorio y científicamente conocido como déjà vu. Afecta a una gran cantidad de personas, y es particularmente frecuente en edades comprendidas entre los 15 y 25 años, según estudios formales."Déjá Vu" ocurre, por ejemplo, cuando nosotros caminamos por un lugar, vemos una calle, una casa y de pronto decimos o pensamos “yo ya estuve aquí alguna vez en el pasado”.
Esa extraña sensación de haber vivido antes una determinada situación es llamada por los franceses déjà vu, que quiere decir “ya visto”. Este nombre se debe a un científico francés de finales del año 800, Emile Boirac.
El 80% de las personas ha tenido alguna vez la sensación de estar viviendo una experiencia vivida anteriormente. El efecto dura tan sólo unos segundos, pero la persona que lo vive puede sentirlo como más largo debido a la sensación de intranquilidad que le invade. El sitio o los hechos son reconocidos inmediatamente. Sin embargo, resulta imposible ubicar en el pasado una situación igual, y cuanto más se esfuerza la persona por atrapar el recuerdo, más se desvanece. La confusión aumenta al comprender que no se trata simplemente de recordar una cara, un sitio o un olor, sino una experiencia entera.
Los psicoanalistas opinan que lo inducen las fantasías inconscientes de la persona: es fruto de los sueños diurnos. Según estos especialistas, el fenómeno está relacionado con algo de gran importancia para el sujeto.
Los psicólogos y los neurólogos consideran que en el cerebro se activan por error los circuitos neuronales responsables de la sensación del recuerdo. Por eso se "recuerda" algo que realmente no ha pasado. Es decir, para esta rama de la ciencia, el déjú vu una alteración de la memoria.
La explicación definitiva que ofrecen, sin embargo, es que son hechos repetitivos de la conciencia o de la memoria consciente: hechos similares, que según ellos, "acontecieron en un tiempo atrás indeterminado y se vuelven a vivir de pronto”. Muy interesante éste último, pues aún sin admitirlo abiertamente, no descarta la posibilidad de que estos hechos pudieron suceder en una vida pasada.
Bajo el punto de vista espiritual, el Déjá vu no es otra cosa que un breve recuerdo de una vida pasada. A nivel consciente, no podemos recordar nuestras vidas anteriores, pero algunas imágenes se activan al estar en un determinado sitio, o con determinadas personas. Como ejemplo, citaré a una paciente venezolana que viajó a Italia por primera vez en su vida, acompañada por el esposo y dos hijos adolescentes. Al visitar las ruinas de Pompeya, comenzó a experimentar una indefinida sensación de ansiedad. Y cuando llegaron a una de las callejuelas flanqueada de casas derruidas, fue presa de una emoción muy grande, que le provocó temblores en el cuerpo y una sudoración nerviosa. Indicó unas ruinas un poco apartadas de las demás, rodeadas por lo que parecía un patio, llamándolas “Stabula” y dijo que ella estaba ahí. “Calor, calor, me ahogo…” murmuró antes de desmayarse. Cuando recuperó la consciencia, no recordaba gran cosa del suceso, pero insistió para que se fueran cuanto antes de ahí, debido a la gran angustia que experimentaba.
En este caso, el Déjá vu fue muy fuerte y claro, deja comprender que la persona pudo haber estado en Pompeya cuando quedó enterrada bajo la lava del volcán.
Pero, aun cuando no tenga esta intensidad, toda experiencia de este tipo, deja una impresión muy marcada en quién la vive.
(Los “Stabula” eran establecimientos con establos que se componían de un patio abierto rodeado de comedores y en cuyo piso superior se encontraban los dormitorios)
miércoles, 2 de junio de 2010
JUSTIFICACIONES
Hay seres que andan por el mundo justificándose. Por lo general, el que intenta justificarse trata de descargar su responsabilidad a una serie de circunstancias para eludir la suya propia. El que acostumbra faltar a los compromisos, por ejemplo, siempre tendrá una cantidad de escusas preparadas, no es él el que no sabe calcular el tiempo, la culpa es de algún imprevisto que se presentó a último momento, del tráfico que encontró, de la tos del bebé o de otra cosa. Cualquier escusa es buena para tratar de solapar la falta de respeto hacia la persona que estaba esperando, y ¡hay que ver los creativos que pueden llegar a ser los incumplidores! Hay algunos a lo que se le ha muerto siete veces la misma abuela, otros, tienen familiares que son ya milagros ambulantes, pues han sobrevivido a diecinueve infartos, otros más poseen un cacharro que los deja a pie a cada momento, y claro, todos ellos tienen madres o parejas castradoras que no los dejan ni respirar y le amargan la existencia.Siempre la culpa es de otro, ellos son unas pobres víctimas, unos inocentes… que no engañan a nadie.
En casi todos los casos, se intenta justificar algo que no tiene justificación y sí en cambio arreglo, poniendo buen cuidado en fijarse en lo que se hace mal y no volver a hacerlo.
Pero hay otros casos en lo que justificarse es como pedir disculpas. Y cuando uno siente que no tiene nada por lo que disculparse, la situación se torna realmente incómoda. Esos son los seres de baja autoestima, los que han entregado a otros su poder, los que siempre necesitan aprobación para sus actos. En cambio de actuar y asumir, tratan de eludir su responsabilidad buscando escusas también. En cambio de decirle a su pareja que compró aquella cartera cara sencillamente porque le gustó, saca a relucir una cantidad de motivos a veces absurdos, cuando hubiese sido más sencillo decir simplemente la verdad: me gustó y la compré porque merezco gratificarme con algo lindo.
Una justificación es un argumento que busca convencer a alguien que una decisión tomada es la más apropiada, y la verdad es que un ser humano adulto, equilibrado y responsable no necesita andar por el mundo justificándose, sino asumiendo cabalmente su responsabilidad.
Asumir la propia responsabilidad es una actitud que todos deberíamos fortalecer, ejercer y enseñar como forma de mejoramiento individual, pero también social.
jueves, 11 de junio de 2009
POLO POSITIVO, POLO NEGATIVO
No resulta fácil comprender a primera vista los principios encerrados en el Kybalión, hay que leer una y otra y otra vez cada párrafo para penetrar su significado. Pienso que está escrito en forma tan críptica precisamente para meditar cada palabra y al llegar la comprensión, nos acercamos a la comprensión del universo mismo y su funcionamiento. No en balde en él se nos dice: “Los principios de la Verdad son siete; quien comprende esto perfectamente posee la clave mágica ante la cual todas las puertas del Templo se abrirán de par en par”.Voy a explicar en forma sencilla dos de estos principios, el de Polaridad y el de Generación, tratando de aclarar lo que cada uno significa y la importancia que tiene su comprensión en nuestra vida y evolución.
El Principio de Polaridad nos dice que todo es doble, todo tiene dos polos; su par de opuestos. Los semejantes y los antagónicos son lo mismo, un todo continuo con dos polos que percibimos como extremos. Los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado.
Por ejemplo, blanco y negro son de idéntica naturaleza, pero de un extremo a otro, hay varios grados de grises. Sin embargo ¿Dónde termina el blanco y comienza el negro? ¿En qué punto termina la oscuridad y comienza la luz? ¿Dónde acaba la alegría, dejando paso a la tristeza? No existe una línea divisoria, solo es cuestión de relación entre los dos extremos.
Los opuestos están presentes en todo: el odio es el polo extremo del amor, el miedo del valor, lo positivo del negativo. Tratándose de sentimientos y estados de ánimos, nosotros decidimos en cual polo nos situamos. Vivir con el corazón lleno de resentimiento nos hace sufrir a nosotros, no al objeto de nuestra rabia, somos nosotros los que pasamos los días amargados y con expresión de tristeza… mientras al otro polo nos espera la sonrisa y la alegría. Si nos ponemos a reflexionar sin querer engañarnos, ¿quién es el responsable de ciertas circunstancias negativas que estamos viviendo? Por más que queremos culpar a la pareja, a la suegra, al vecino o al perro que ensucia el piso, nosotros somos los responsables, porque no ponemos fin a la situación que nos está molestando, tal vez porque el “ser víctimas” nos hace sentir bien, les damos a los demás algo por el cual compadecernos. Aquí estamos en el extremo del victimismo, a la otra punta nos espera el respeto hacia nosotros mismos, con el reconocimiento de nuestro valor como ser humano.
Todo lo negativo tiene su opuesto, y nosotros tenemos la facultad de decidir que extremo escogemos. Cada ser humano realiza sus propias elecciones. Quién prefiere situarse en lo negativo tendrá como consecuencia todo lo que a él pertenece, mientras en el polo positivo espera la sonrisa y la esperanza. ¿Cómo lograrlo? Pues de un paso por vez, tratando de mantener la conciencia despierta. Cuando te sientes sumergido en la tristeza, fuerza una sonrisa. Solo inténtalo, y verás como las vibraciones negativas comienzan a cambiar. Cuando comprendes que la ira te está cegando, respira profundo y defiende tu posición con firmeza y de forma asertiva, sin perder el dominio de la situación. Y así puede efectuarse la transmutación siempre entre cosas de la misma clase y de grado diferente: el amor es positivo en relación al odio, la seguridad es positiva en relación al miedo, la actividad, opuesta a la inercia, la verdad en relación a la mentira, la prosperidad en relación a la miseria…
Generación
La generación existe por doquier y se manifiesta en todos los planos. Este principio se refiere a la creatividad; nos dice que para crear algo nuevo se necesitan dos energías, la masculina y la femenina.
Como el principio de polaridad, el de generación habla de dos energías opuestas pero, en este caso, de naturaleza diferente, pues femenino y masculino no pueden ser polos de una línea continua. Se diferencia del primero porque se refiere exclusivamente a un proceso creativo. Y no estamos hablando de sexo, ese es una de sus manifestaciones, pues más allá de nuestro sexo, cada ser humano encierra principios femeninos y masculinos y solo integrándolos lograremos el equilibrio necesario para vivir plenamente y en perfecta armonía.
Una mujer muy dependiente y sumisa, que no ha desarrollado la parte masculina de fuerza e independencia, jamás podrá ser completamente feliz. Lo mismo sucede con los hombres machistas, temerosos de dejar aflorar su parte de energía yin, en algún momento sufrirán esa falta. Padre y educadores podemos ayudar a integrar estas energías desde tierna edad, por ejemplo, permitiéndole a los varoncitos llorar cuando la situación lo amerita sin tacharlos de “mujercitas”, y dejando de inculcarles a las niñas sumisión frente a la figura masculina.
Para generarse la electricidad, se necesitan dos polos: positivo y negativo. Con la unión de ambos nace el equilibrio que proporciona la chispa creadora. De la misma forma, de manera inconsciente los seres humanos nos acercamos a personas con la polaridad que nos falta, buscando el complemento. Así, el tímido se siente atraído por los extrovertidos, el sumiso por el independiente, el débil por el fuerte. Pero ¡atención! la idea no es reforzar la carencia, por ejemplo el débil no puede resignarse a ser victima del fuerte ¡todo lo contrario! Cada uno debe aprender del otro, usarlo de espejo por lo que se debe y no se debe hacer, hasta encontrar el punto de equilibrio en su forma de actuar.
La energía femenina es muy imaginativa y creadora a nivel mental, pero de nada sirve si no pone en practica lo ideado, si no pone a trabajar la parte masculina y activa de su ser. De la misma forma, un ser muy enérgico no llegará a nada si no tiene la fantasía (polo femenino) para renovarse. El subconsciente, está asociado al aspecto femenino; el consciente, al aspecto masculino. Nuestra mente subjetiva es la que imagina, visualiza, sueña; y cuando fusionamos el aspecto femenino (imaginación) con el aspecto masculino (voluntad) se produce la creación mental.
Como hemos visto, la tendencia de asociar este principio únicamente con el sexo es completamente errónea. Como toda energía creadora, la maravillosa y sagrada fuerza sexual hay que controlarla y equilibrarla, pues los bajos instintos pueden llevar a la destrucción. Una pareja, al unir lo femenino y masculino, forma una célula que debería desarrollarse armoniosamente, generando otros seres dentro de un marco de amor y comprensión. Lamentablemente, en la realidad vemos que no es así, pues uno de los dos polos tiende a querer someter el otro… sin darse cuenta de que está negando parte de su propia esencia natural.
jueves, 31 de julio de 2008
REENCARNACIÓN
En el transcurso de los siglos, se han elaborado varias teorías sobre la muerte y el destino del alma:MATERIALISTA: sostiene que la vida es un viaje del nacimiento a la muerte. La mente es el resultado de ciertas correlaciones de la materia; el hombre es la más elevada vida inteligente del Cosmos; y su inteligencia perece cuando el cuerpo se desintegra después de la expiración. No hay absolutamente nada más allá de la muerte.
TEOLÓGICA afirma que a cada nacimiento un alma recién creada por las manos de Dios entra en la experiencia de la vida, pasando de un estado invisible, a través del nacimiento, a una existencia visible. Al fin del corto período de nuestra vida en el mundo material pasamos, a través de la muerte, al más allá invisible, de donde no se vuelve más y que nuestra felicidad o desdicha queda determinada por toda la eternidad por las obras que hemos hecho durante el infinitesimal período comprendido entre el nacimiento y la muerte. Infinitamente infinitesimal si lo comparamos con el Universo. Esta teoría sostiene la inmortalidad del alma.
REENCARNACIÓN: enseña que cada alma es una parte nacida de Dios, y que está desarrollando todas las posibilidades divinas. Por medio de encarnaciones repetidas en un cuerpo humano, vamos evolucionando gradualmente y desarrollando los poderes dados por nuestra naturaleza divina; que toda la humanidad alcanzará la meta de la perfección y el retorno a su origen, la divinidad. El alma es inmortal pero se desarrolla a través de múltiples encarnaciones.
Este pensamiento, formaba parte de la doctrina cristiana en los primeros siglos del cristianismo primitivo, aquel cristianismo puro, de amor. Luego los intereses humanos trastocaron estas verdades, por la necesidad de mantener el control a través del miedo: tienes una sola vida, por lo tanto una sola oportunidad de ganarte el paraíso o el infierno. Un método muy efectivo para mantener al pueblo bajo control.
EL CICLO: Cuando dejamos el cuerpo físico, nuestro espíritu sube a otras dimensiones. Ahí, repasamos el cometido en esta vida que acabamos de dejar, los aciertos y los errores, acompañados amorosamente por nuestros maestros, quiénes ni juzgan ni regañan, solamente nos ayudan a tomar conciencia de los mismos.
Luego de un periodo de descanso, preparamos un nuevo plan para volver a reencarnar. En él, escogemos la lección que debemos aprender según el grado de nuestra evolución. Así mismo, decidimos quienes serán las personas que nos ayudarán en este nueva instrucción. Entre las almas prontas a reencarnar, nosotros decidimos quienes serán nuestros padres, familiares, pareja, amigos etc. y con su consentimiento, se comienza a tejer la trama de este nuevo aprendizaje mutuo.
Al nacer, olvidamos todo esto, y solo nuestro ser interno nos empuja hacia el camino correcto.
Basado en la Ley de Causa-Efecto, la posibilidad de continuar con las experiencias después de la muerte nos da la ocasión de poner en práctica todas las enseñanzas espirituales, y de corregir los errores cometidos en la vida anterior para poder alcanzar después el conocimiento que permite el dominio del espíritu sobre la materia.
La reencarnación es un mecanismo que certifica la justicia divina, el amor de Dios, porque siendo Él un Padre amoroso ¿Cómo podría ofrecernos una sola oportunidad de vida para salvarnos o condenarnos? El promedio de vida humana es ahora de ochenta años ¿Qué representa este lapso frente a la eternidad? Si no existiera la posibilidad de reencarnar, se desprendería de por sí el pensamiento de un Dios inicuo e injusto…
lunes, 28 de julio de 2008
VIVIR EL PRESENTE
Difícilmente el ser humano se centra en vivir el momento presente. Por lo general, vivimos desgarrados entre el pasado y el futuro, dimensiones que ya pasaron o que no han llegado todavía, mientras la única real es la presente. Observa tus procesos mentales, trata de identificar si en tus pensamientos hay culpabilidad o resentimiento ¿experimentas rabia, frustración, angustia o auto compasión? El tomar conciencia de alguno de estos sentimientos es indicio de que estás viviendo fuera de la realidad temporal, reforzando una falsa percepción de ti mismo.
Hay hechos pasados que siguen atorméntanos, y que llevamos a cuesta, cargas demasiado pesadas para nuestra psique, lastres que impiden nuestro desarrollo y que debemos soltar.
Ustedes dirán que esto es fácil de decir, y tienen toda la razón. No, en muchos casos no es fácil desprenderse de estos pesos sin la ayuda de un profesional.
El primer paso hacia la sanación es tomar conciencia de que necesitamos ayuda.
Tomamos el caso de un adulto que siendo niño fue maltratado. Es obvio que las heridas están ahí, dirigiendo el desempeño de este ser. Porque, en el fondo de sí mismo, mientras no cura debidamente al niño herido que lleva adentro, nunca será un adulto sano. El sentimiento de dolor e impotencia, siempre lo acompañará, dirigiendo todos sus pasos, haciéndolo vivir en el miedo y en la duda. Porque, el que está asustado antes de una exposición, o de una reunión de trabajo no es el adulto profesional, sino el niño rechazado o maltratado. La suspicacia que experimenta al entrar en un grupo nuevo, o las dudas antes de declararse a la mujer que le gusta, son simplemente los miedos de aquel niño que necesita desesperadamente ser aceptado, pero teme no serlo. Los celos, lejos de ser una demostración de amor, lo son de inseguridad, de dudas interiores. Si soy un ser humano conciente de mis capacidades y mis virtudes (y también de mis defectos) ¿Por qué dudar del amor de mi pareja? Si dudo, es porque no soy conciente de mi mismo, no me siento digno, por ello llego a ver fantasmas hasta donde no los hay.
Hay hechos pasados que nos hacen temblar en cuanto el recuerdo se asoma a nuestra mente, por ello nos apresuramos a rechazarlos, a tratar de mantenerlos en una zona oscura, tratando de no verlos. Es lo mismo que esconder al gato muerto en lo más alto del armario, porque lo quisimos mucho y no tuvimos el coraje de enterrarlo. Podemos no verlo, pero al pasar al lado del mueble, el hedor nos causará nausea, hasta que decimos enfrentarnos con los restos del animal y lo sacamos de nuestra vida.
Los recuerdos amargos son como ese gato, y aunque no estamos conscientes de ello, a veces los queremos, sencillamente porque nos ayudan a mantener cierta actitud de desamparo. Por eso, repito, el primer paso es tomar conciencia, y la mejor forma de hacerlo, es escuchar los mensajes de las personas que nos quieren, si insisten en la necesidad de un cambio, es porque ellos están viendo algo que no somos capaces de ver en nosotros mismos.
La única forma de desterrar malos recuerdos es enfrentarse a ellos. Lejos de rehuirlos cuando vuelven a la mente, lo más sanos será revivirlos y afrontarlos, y finalmente darle su justa dimensión temporal, comprendiendo que de nada sirve arrastrarlos, como no sea para amargarnos el resto de nuestra vida. Hay hechos que podremos manejar solos, y para otros, desde luego, necesitaremos la ayuda de un profesional. No se le puede pedir a un ser que fue violado cuando era niño, por ejemplo, que se enfrente al hecho, porque sencillamente, solo, sin ayuda, no podría revivir aquella horrible carga de dolor. Pero, por paradójico que parezca, nunca aceptará el hecho como ineludible mientras no lo reviva y no le de su dimensión de “pasado”.
Es como echarle alcohol a una herida que de por sí ya arde, pero es la única forma de desinfectarla, si queremos que sane.
Por otra parte, hay personas que viven en el futuro, dejando escapar los momentos mágicos que nos ofrece el presente.
Estos seres serán felices cuando se gradúen, cuando se casen, cuando tengan apartamento o auto propio, cuando… luego, al futuro, después de… ¿Y mientras tanto?
Es sabio trabajar teniendo objetivos, más no vivir en función de éstos. Será magnifico tener apartamento propio, siempre y cuando, para obtenerlo, no nos privemos durante años de una vacación, de cambiar el abrigo, o hasta de visitar a seres queridos porque el desplazarnos implica gastos. Hay que tener una conciencia clara de “QUE” nos estamos perdiendo en este trayecto, pues nadie nos garantiza que seremos felices al alcanzar la meta… o simplemente si estaremos vivos para gozarla. Lo único seguro que tenemos es el momento presente.
Y finalmente, hay seres humanos que viven preocupados. Siempre tienen algo suficientemente válido para mantenerse ansiosos, proyectados hacia un futuro imaginario: la salud de sus familiares, el ruidito raro del motor del auto, la comida que prepararon para recibir a los invitados, el hijo que se retraza al llegar y no llamó por teléfono, el estornudo del bebé, el amor de su pareja… Cualquier excusa es buena.
Pre-ocuparse, significa ocuparse por anticipado de algo que todavía no ha sucedido… y que quizá, nunca llegue a suceder. Sin embargo, los preocupados crónicos trabajan activamente para que suceda, empleando para ello toda su imaginación y toda su energía mental. Por esto, en cambio de malgastar energías en creaciones negativas, ocupémonos de vivir el presente, tratando de sacarle un alegre provecho a cada minuto, aceptando las pequeñas-grandes cosas que nos ofrece la vida a diario, y demos las gracias por ello.
martes, 22 de julio de 2008
PENSAMIENTOS POSITIVOS
AFIRMACIONES POSITIVASNuestra mente siempre está hambrienta de información, es una máquina que fabrica pensamientos sin descanso y nunca rechaza lo que le ofrecemos para guardar palabras, frases o imágenes. Al igual que un disco duro, se limita a almacenar, aún los pensamientos nocivos.
Vivimos afirmando constantemente, cada vez que pensamos o hablamos sobre algo, lo grabamos en nuestro subconsciente y nos apresuramos –sin darnos cuenta– a actuar en base a este patrón de creencias. Es así como atraemos automáticamente a nuestra vida situaciones positivas o negativas.
Nadie convendrá en que ciertas situaciones desagradables son fruto de sus propias creencias, pero así es. Los pensamientos son energía sutil que se cristaliza en forma invisible y, según su intensidad, pueden llegar a pesar toneladas. Metiste el currículo en una empresa, y te llaman para una entrevista. En el noventa por ciento de los casos, lo que llega a la mente es lo siguiente: no tengo suerte, no me seleccionarán, seguro que le darán el cargo a otro, la entrevista saldrá mal me conozco, no daré las respuestas acertadas siempre es así… Afirmaciones negativas que determinarán el resultado… Aunque tu no lo creas, aparte de estar grabadas en tu subconsciente, están a tu alrededor, brillando como gigantescas luces de neón. Esta es la imagen que ofreces a los demás, mientras, al mismo tiempo, estás nutriendo a tu inconsciente con frustración y desaliento. Nosotros somos el resultado de nuestros pensamientos, y mientras construyamos imágenes de fracaso nuestra vida será un fracaso.
Si tenemos el gran poder para modificar este mecanismo, ¿por qué entonces no programar nuestra mente para ello?
Mi objetivo, es ayudarte a desarrollar un código de pensamientos positivos concientes, afirmaciones a repetir hasta grabarlas y hacerlas tuyas.
AFIRMACIONES:
1) Yo …(pronuncia tu nombre) soy un ser hecho a imagen y semejanza de Dios, soy único y muy valioso.
2) Tengo capacidades muy especiales, gracias a Dios por regalarme estos dones.
3) Gracias a Dios por darme facilidad para aprender, abundancia en sabiduría, conocimientos e inteligencia.
4) Yo soy un imán para atraer dinero, éxito y prosperidad. Gracias por ello te doy Dios mío.
5) Mi vida está llena de energía positiva, de luz, amor y paz.
6) Tengo excelente salud, todos los órganos de mi cuerpo están sanos.
7) Estoy rodeado de amigos que me quieren y me aprecian.
8) Nunca me falta trabajo, todos reconocen mis capacidades y todos los días son exitosos para mí, doy gracias a Dios.
Escoge alguna de estas oraciones, aquella con la que te sientes identificado, y repítela como un mantra. Cuando puedes, y con los ojos cerrados, repite tu afirmación, imaginando como actúa en ti, viendo los cambios en tu entorno. Y aunque no lo creas, de a poco tu vida cambiará.
Una de las bases de la psicología clínica es la siguiente: no importa que sea verdad o mentira, lo que importa es que la mente se lo crea. Debemos entonces convencer a nuestra mente de que somos seres exitosos, sanos y populares, y automáticamente comenzaremos a comportarnos como tales. Con solo repetir tantas veces como deseamos las frases anteriores, (u otras que tú mismo puedes construir) puedes modificar esquemas y creencias y llenar tú inconsciente con mensajes positivos, borrando los antiguos patrones de negatividad que tanto daño te han hecho.
Aprende a modificar tus pensamientos, utiliza frases positivas, y nunca inserte un “no” en las afirmaciones. Ejemplo, no digas: no me faltará nunca nada, sino: siempre tendré abundancia en mi vida.
Por increíble que parezca, te acostumbrarás a pensar, hablar y actuar en forma positiva.
Ni siquiera imaginas la magnitud del cambio en tu vida…
REGRESIONES: UN VIAJE DEL PRESENTE AL PASADO
El tema de las regresiones a vidas pasadas siempre despierta curiosidad y aprensión a la vez. En general, pocos tienen información veraz al respeto, por ello muchos mitos han surgido alrededor de esta práctica.Las regresiones son repasos de nuestras anteriores encarnaciones, para buscar lazos que las unen a la vida actual, y encontrar explicación a cosas que de otra forma no la tienen. También es una forma de ver la trayectoria de nuestra alma, y tratar de averiguar hacia donde nos dirigimos en el presente, teniendo siempre como objetivo ampliar nuestra conciencia.
A través de las regresiones, puede observarse como nuestro presente está inevitablemente ligado con acciones (acertadas o no) cometidas en vidas anteriores. Es posible que arrastremos recuerdos profundos de tragedias, muertes, enfermedades, fracasos, suicidios, pérdidas, divorcios etc. que, sin darnos siquiera cuenta, afectan nuestro proceder presente. Al descubrir esta dinámica oculta, es viable tomar medidas efectivas para romper estos patrones, y mejorar considerablemente nuestras relaciones actuales y en general, nuestra vida entera.
¿Qué son y como funcionan las regresiones?
Para comprender el mecanismo curativo, es necesario tener claro el proceso reencarnatorio. Nosotros somos almas que, a través del tiempo y de las numerosas encarnaciones, hemos ido afinando nuestro espíritu, evolucionando, en mayor o menor medida, cada vez que dejamos este plano físico. Antes de volver a nacer, preparamos un plan donde decidimos cuales aspectos trabajaremos para seguir progresando, y para ello escogemos el entorno, las condiciones económicas y los personajes que nos ayudarán a tener este aprendizaje. Es un poco como escribir el libreto de una película para su grabación. Una vez en este estado humano, sin embargo, y oculto todo este diseño por el velo del olvido, entra en juego el libre albedrío, que puede hacernos desviar del mismo. Nosotros mismos decidimos quienes serán nuestros padres, hermanos, hijos, en fin, todas las personas con las cuales nos relacionaremos en la futura encarnación, así como situaciones, encuentros, momentos en que éstos se darán, etc. Un plan completo, diseñado para trabajar aspectos necesarios para nuestro progreso espiritual. Si en vidas pasadas fuimos autoritarios y represivos, por ejemplo, venimos a trabajar el respeto al libre albedrío de los demás. Con certeza, la persona a la que estuvimos reprimiendo reencarnó a nuestro lado, tal vez invirtiéndose los roles (por ejemplo, si fue nuestro hijo, ahora puede volver como nuestro padre), y nosotros, por medio de esta nueva oportunidad, debemos realizar este aprendizaje, ojo, no viéndolo como karma, sino precisamente como aprendizaje. Si en una encarnación anterior alguien nos hizo daño, volvemos a nacer escogiendo tener cerca a esta persona, con la intención de trabajar el perdón, y él (o ella) su parte correspondiente. Se puede dar el caso que esta persona nazca como hijo, de allí que a veces ciertos padres sientan algún tipo de inexplicable rechazo por uno de sus hijos. Evidentemente, si el que hoy es nuestro vástago, en una vida pasada fue un opresor, en el alma quedó grabado el recuerdo, y ¿cómo no sentir recelo, si nos ligan inconscientes lazos de miedo hacia este ser? Sin embargo, no podemos saber qué está pasando, si no recordamos nuestras vivencias anteriores. Lo mismo puede suceder con los sentimientos de fracaso y abandono. El aferrarnos desesperadamente a una pareja que ya no nos quiere, puede ser un resabio de relaciones pasadas, donde el patrón recurrente fue el abandono. O el pensar siempre en forma negativa, puede esconder la inconsciente evocación de desengaños recurrentes. También hay dolores físicos a los cuales la medicina no les encuentra una explicación lógica, y sólo son recuerdos muy profundos de heridas sufridas en otras encarnaciones.
Otro aspecto a tener en cuenta, son las situaciones repetitivas. Si en el transcurso de nuestra vida nos encontramos en un mismo escenario una y otra vez, evidentemente ahí hay algo que debemos trabajar, y mientras no lo hacemos, este patrón seguirá repitiéndose.
Revivir traumas pasados y removerlos, dándole su justa dimensión, es la única forma de superarlos y enfocarnos en mejorar nuestro presente.
Uno de los mitos relacionados con las regresiones, es el peligro de quedarse “enganchados” en una vida anterior, y no poder volver a la actual. Nada más lejos de la verdad. Como acostumbro explicar en las consultas, una regresión es como ver una película de algo que ya pasó. Imagínese la grabación de su último cumpleaños ¿Hay peligro de que, al verla, se quede atrapado en ella? Trabajando con relajación profunda, más no con hipnosis, la mente conciente del paciente siempre está presente -si bien como observador-, siempre tiene el dominio de la situación, y puede decidir en todo momento si seguir enfrentando los recuerdos, o interrumpir la terapia. Al finalizar la sección, recordará de principio a fin la experiencia vivida.
En mis años como terapeuta regresionista, he asistido casos fascinantes de reencuentros familiares o de parejas, preparados con la finalidad de sanar contextos de injusticias, y he visto como mejoran las relaciones del paciente con su entorno, solamente con repasar antiguas experiencias, por medio de las cuales entendieron el por qué de los erróneos patrones de comportamiento actual. También he observado curaciones “milagrosas” solo con revivir situaciones anteriores, donde se toma conciencia de la raíz del padecimiento.
Sería absurdo afirmar que las regresiones, tanto a la parte de la infancia como a vidas anteriores, son la panacea para curar todos los males, pero sí son una valiosa herramienta para resolver muchas situaciones gravosas que no tienen explicación lógica en nuestra vida actual, para adquirir más seguridad y una nueva perspectiva de futuro.
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